La villana de nuestra telenovela

La gran mayoría de nosotras creció en un hogar donde la hora de la telenovela era sagrada y por ende, en silencio, rendíamos culto a estos programas acompañadas de las mujeres adultas y no tan adultas de nuestras casas.

Crecimos creyendo que, para ser la protagonista de nuestras vidas, necesitábamos tener una antagonista, siempre debía haber una congénere mala y despiadada y solo venciéndola seríamos felices.

Esto en nuestro subconsciente se convirtió en envidia de la mala:

Si tiene mejor cuerpo, alguna operación se ha hecho, tiene la genética de Thalia o no tiene vida por estar siempre metida en el  gimnasio.

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Si es exitosa en su carrera, es una mala mujer que ha dejado la familia y a los hijos para último, solo piensa en su carrera.

Si es buena mamá y ama de casa, decimos que es increíble cómo se ha abandonado al cuidado de los hijos y el marido; a esa en cualquier momento la dejan por una mujer profesional y con aspiraciones.

Si se divierte, viaja y no piensa en “sentar cabeza” decimos que es una libertina, esa se lo reparte a todos y un día mirará a atrás y estará sola.

Y así. Son innumerables las críticas que decimos o pensamos sobre otras mujeres, siempre llenas de juicios basados en cosas que aprendimos de niñas, ideas preconcebidas gracias a estereotipos sociales.

Aprendimos a envidiar en lugar de admirar. Después de todo necesitamos a una Catalina Creel en nuestro drama de Cuna de Lobos para poder superarla y así ser la que venza al final.

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Y con esos conceptos mal aprendidos llegaron otros.

Que no puedes tenerlo todo…

Si eres exitosa profesionalmente, alguna otra cosa cojea en tu vida y por ende no estas completa. Sí! Alguien ya estableció la definición universal de lo que es ser una mujer completa y si no tienes esas 20 cosas… estás mal.

Que el amor todo lo puede…

inclusive interferir en una relación porque la otra mujer (entiéndase su actual pareja) es una bruja malvada. Bajo esa premisa, todas estamos locas y todas somos la villana de la vida de otra mujer.

Que el amor verdadero es sinónimo de sufrimiento…

Debes haber pasado por un viacrucis para saber que te ha llegado el “amor verdadero” y que está bien que llores mucho porque eso te garantiza la felicidad eterna al final.

Que amar es poseer…

Y esta es probablemente la más letal de todas las falsas creencias sobre el amor! Está bien si el “amor de tu vida” te trata con indiferencia, te cela, te controlan, te manipula y hasta te jalonea un par de veces, porque en el fondo, muy en el fondo, él te adora.

No quiero culpar de todo a las telenovelas, son la punta del iceberg, el reflejo de la sociedad en la que hemos nacido y las creencias, valores y costumbres que se nos han enseñado durante años.

Ha costado mucho que la mujer se sienta empoderada. Solo hace unos meses, se ha destapado el más grande escándalo de abuso sexual en Hollywood y finalmente actrices que aprendimos a envidiar, odiar y pocas veces admirar han dicho: “como les pasa a las niñas que toman el transporte público, a mí me pasó, con todo mi éxito no estoy exenta de ser acosada y tratada como un objeto”.

Y quizás ahora entendemos que son mujeres como nosotras, que están más cerca de nosotras de lo que creemos, que crucificamos a Angelina por “quitarle el marido” a Jennifer, pero jamás juzgamos a Brat por traicionarla; que criticamos a Kylie con sus mil cirugías, pero no aceptamos que nosotros llevamos a otras mujeres a esto, que es lo que esta sociedad consume y disfruta como placer culpable, porque nos sentimos bien criticandolos, porque amamos que alguien como ella, sea la antagonista perfecta de nuestra telenovela.

Tengo 37 años, llevo quizás 10 tratando de internalizar esto y todavía hoy en día me encuentro criticando a otras mujeres y no me refiero a que ahora tengamos prohibido decir lo que una congénere hace mal, no, no se trata de eso. Se trata de criticar por el hecho de ser mujer, juzgarla por cosas por las cuales jamás juzgaríamos a un hombre.

Hacer la paz entre mujeres…

Quizás si fuéramos más conscientes del daño que hacemos a esa mujer que es la hija, hermana, amiga de alguien como nosotras, el daño que hacemos a la generación que está tratando de encontrar su identidad y a la que estamos criando hoy, nos mediríamos un poco más antes de lanzar comentarios malsanos en lugar de admirar y aplaudir esos sacrificios que han llevado a esa mujer a estar allí donde está, quizás solo un par de escalones más arriba que nosotras.

Muy probablemente aprenderíamos a apreciar a la gente por las razones correctas: a las mujeres por sus logros y no sus falencias, a los hombres por su esencia e intenciones y no por lo que pueden dar o por cómo encajan en nuestra historia de ficción.

Para mi hoy más que un deseo es una obligación.  Con mi esposo nos toca criar a un adolescente respetando, amando y admirando a las mujeres como su par y a una niña a respetarse, amarse y admirar a otras mujeres, entendiendo que los hombres son sus pares no más, no menos.

Para las mujeres de mi vida,

Vive, viaja, ama y sé tú misma…a veces reina, a veces bruja, a veces simplemente mujer.

Besitos,

Elia Esther

NBNR

1 Comment

  • Ser la mala - Ni Brujas Ni Reinas, blog de mujeres April 18, 2018 at 2:17 am

    […] esto, que al final siempre te culparán de ser la mala, disfrutemos de ser malas pues! Seamos la villana de nuestra telenovela! ¿Que no llegaremos al nivel superior de espiritualidad?  ¿Quién lo dice?  Quizás al de […]

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