Ser la mala

Estuve tomándome unos días de vacaciones, ya saben buscando un estado zen y tratando de ser la mala…quiero decir, tratando llenarme de energía positiva para formar parte de la armonía universal y todas esas cosas etéreas que mi querida hermana Bianca espera que yo encuentre — pero para las que yo aún continúo en “la búsqueda“.

Iba bien. Ya puedo hacer el gato, el perro, el niño y la cobra en yoga, puedo meditar por 7 minutos y medio y ser consciente del punto en la pared, enfocándome en su existencia sin tener conversaciones internas mientras lo observo. Puedo ir al supermercado sin juzgar, odiar, ni maldecir a nadie que se cruce frente a mí. Inclusive a esos que se llevan la última pieza de baguette  fresco.  Ajá! Iba  muy bien!
Y entonces me llama María Martirio y me dice:

“él dice que soy mala…”

Se podrán imaginar mi cara, mi pose (ninguna de yoga) y la ira creciendo dentro de mí y llevándose por banda toda la paz interior que había logrado hasta ahora.
Ok, estamos hablando de María Martirio, que si bien es cursi y a veces se pasa de tonta, un poquito exigente y otro poquito controladora, es un amor de ser humano, que no se atreve a espantar al gato del vecino y ha preferido comprar una caja de arena para que por lo menos, no se haga por todas partes de su jardín.
Y claro, mi rabia no era con el fulano.  Mi molestia era con ella.  Cómo es que llega un esperpento cualquiera, le dice MALA y ella se deshace en llanto, culpa y autoflagelación?!

 

come, viaja, ama

En este punto, aunque invoqué a todos los dioses y maestros que ayudaron a Julia Roberts en “Eat, Pray, Love”, no pude contenerme y le dije: “mira María, eso de aspirar a la divinidad a través del sacrificio sucks!
Lo siento, sé que con esto me ganaré la recriminación de mucha gente, entre ellos mis abuelos (que gracias a Dios no tienen redes sociales) pero en serio, tenemos que andar cual cordero de sacrificio, renunciando a nuestro placer y amor propio para pagar la cuota de dolor en este mundo terrenal que nos acercará a la divinidad?  Ah no! Por eso es que no juego.
Hace un par de años entendí que llegar a ese Olimpo de la realización humana —que solo se logra con sacrificio y una moral intachable según la sociedad donde te haya dejado la cigüeña — era algo a lo que no podía aspirar.  Lo mío era experimentar, deleitarme con los placeres del mundo y vivir! Ahí fue cuando decidí abandonar el juego y disfrutar al máximo de esta vida, la única que tendría porque con mi récord de vida no soy candidata para resucitar, ni reencarnar ni llegar a altos niveles del ser.
Pero mi pobre amiga María Martirio sí tiene esperanzas de vivir un par de vidas más y por eso no termina de poder vivir esta.   Resulta que se ha pasado la vida  expiando culpas y pecados y tratando de sufrir lo suficiente para llenar la cuota de sacrificio necesario para NO ser la mala y llegar al cielo.
Entonces resulta que el fulano aquel piensa, cree, estima y calcula — con base en su conocimiento amplio del bien y del mal — que María Martirio es MALA.

¿Qué ha hecho para ser la mala?

No está de buenas las 24 horas, los 7 días a la semana durante los 365 días del año. De vez en cuando grita y lo peor de todo, escúchenlo bien:  Tiene un hobby que practica sola…exacto! Ha tenido la osadía de dedicar horas de su semana a algo que ella ama y que es solo para ella. Muy mala la mujer no?
Ahhh…es que tener ese hobby le resta tiempo que bien le podría dedicar a ser buena mamá. Ya saben por eso de que una madre no puede ser feliz si no se sacrifica por sus hijos, dedica cada momento disponible y se asegura de que todo sea perfecto para ellos.
malas madres

Entonces trayendo todo esto de ser la mala a contexto:

Saben cuánto de su vida sacrifica una mujer por sus hijos y al final de la historia siempre la culparán de ser la mala? Siempre! No hay manera de que salgamos ilesas y digan que fuimos buenas antes de que cumplamos 80 años  o estemos siete metros bajo tierra.  A la mayoría de las mamás se les reconoce su rol, su esmero y su gran trabajo cuando ya no les sirve de nada que se lo digamos, después de que años de tristeza y frustración se convirtieron en arrugas en su frente (de esas que no se quitan con láser de última tecnología ni con dosis mensuales de botox).
Sabiendo esto, que al final siempre te culparán de ser la mala, disfrutemos de ser malas pues! Seamos la villana de nuestra telenovela!
¿Que no llegaremos al nivel superior de espiritualidad?  ¿Quién lo dice?  Quizás al de arriba le encanta que seamos “MALAS”, ver cómo nos desarrollamos, crecemos, creamos y cambiamos al mundo, un hijo a la vez.
Cuando esté en la puerta que nos lleva a la siguiente vida y me encuentre con él o ella, le preguntaré:  ¿hey de verdad te parecía mala?
Y para los que tienen dudas, yo estoy segura de que pasaré por esa puerta. Al final soy de las pocas que estoy disfrutando de verdad el regalo que el ser superior nos dio:  Vida para vivirla, ajá, así mala como me ves!
Vive, viaja, ama y sé tú misma…a veces reina, a veces bruja, a veces simplemente mujer!
Besos,
Scarlett Oh!

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