Viejo, Mi Querido Viejo…

 

Publicado originalmente en Revista Ellas edición del 8 de junio 2018

Esta es una idea que tengo entre pecho y espalda desde hace algunos años, ha pasado desde las notas  de mi escritorio, al organizador de tareas de mi celular y de allí a  mi agenda junto con recortes de revistas y lista de cosas que quiero hacer.

 

De donde nunca se movió, fue de mi corazón.

Esto va dedicado a mi viejo,  mi abuelo, mi gran y único querido viejo.

 

Soy hija de madre divorciada y papá ausente, lo que puso en los hombros de mis abuelos la gran responsabilidad de ayuar en la crianza de una niña llena de ideas, energía, custodia de un alma vieja y muchos asuntos por resolver.

 

Dicho esto, es importante establecer que el rol de mis abuelos fue decisivo en mi crianza, mi abuela me enseño desde preparar un arroz hasta hacer un pastel decente y de eso hablaremos más adelante, hoy quiero dedicárselo a mi héroe, a mi viejito amado.

 

Mi abuelo está en mis recuerdos de siempre, no tengo en mi memoria una época de mi vida sin él.  Aún lo puedo sentir llegado de trabajar y yo ganándome la mesada quitándole los zapatos y las medias de sus cansados pies, mientras él se sentaba en su silla favorita, después de un largo día… años después entendí que esos largos días bien podían haber sido ganándose la vida como plomero, capataz o peón, sastre o locutor de radio o simplemente buscando entre los proyectos de construcción un “camarón”.

 

Mi abuelo fue todo lo que pudo ser  en su vida con el conocimiento que tenía y la vida lo recompensó con sabiduria de la buena, esa que se adquiere en la calle, haciendo las cosas con sus propias manos, hablando con la gente, viviendo.

 

En la casa de mis abuelos nunca ha faltado un plato de comida para ninguno de sus 8 nietos, 9 bisnietos y por ahora una tataranieta, ni decir de la familia extendida, es decir todos los sobrinos, hijos de un primo lejano o de alguien que conocieron 20 años atrás y decidieron adoptar en la familia.

 

Mi abuelo tiene el corazón noble, de quien a pesar de haber podido, ha sido incapaz de enriquecerse a costilla de otros, la voz sabia de quien no llegó a las aulas de universidades, pero conoce el núcleo y verdad detrás de todo: desde una hoja de balsamino, hasta el porqué del colapso la economía mundial.

 

Mi querido viejo siempre tiene un consejo sabio, la voz fuerte que te da la seguridad de resolver y suave que te da la sensación de que todo tiene solución, siempre y cuando la busques.

 

Mi héroe se ríe de las tonterías y locuras de mi hija con un poco más de flexibilidad de las que se rió de las mías, sólo porque conmigo no solo tenía se ser abuelo, tenía que ser papá, ejemplo y guía.

 

Mi titán me enseñó que siempre:

  • se puede ser mejor sin pisar a otros.
  • hay algo que aprender de las cosas simples de la vida.
  • hay un lugar donde volver.

 

Mi viejo hoy tiene la cabeza llena de canas y de ideas buscando su lugar en una memoria que ha estado en más de tres cuartos de siglo, que ha vivido muchas vidas y ha impactado muchas más, sí,  porque sin ser político, estrella de cine o escritor de autosuperación, toca las vidas de mucha gente de su congregación sin publicarlo en redes y sin recibir “me gusta” por ello.

 

Él me enseñó a ser gente, gente de la que vale la pena conocer, gente interesante, gente que tiene algo bueno que decir.

 

Desde su silla no se mete con nadie, poco opina de la vida de los demás y cuando lo hace es porque le sobra razón.

 

Desde allí, ve pasar la vida, ve crecer su familia, se regocija con nuestros logros y aun grita los goles de su equipo favorito de fútbol.

 

Desde allí recuerda sus años de juventud, de trabajo, de crianza de dos o tres generaciones.

 

Desde allí, vive sus años de descanso.

 

De esa silla  se para de vez en cuando para preparar alguna receta y guardarme un poco para que me deleite y recuerde, que sigo siendo una niña, la nieta consentida de Don Rafa.

Mi héroe, mi titan, mi querido viejo.

Quién sería yo sin ti, quién sería esta mujer llena de temas sin resolver si no hubiese tenido tu imagen en el horizonte, siempre pensando, que diría mi abuelo si se entera de esto.

 

Viejo, mi querido viejo.

 

Te quiero.

 

Elia Esther Aparicio

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