Yo no soy escritor

“Yo no soy escritor” así decía.  Le decían que escribiera un libro, pero él no lo hacía y de repente lo hizo.  Escribió aquel libro a pulso, cada uno de los 10 cuentos era un reflejo de su vida o de alguien en ella. Su hija fue quien lo transcribió en una máquina de escribir eléctrica y el manuscrito entró con el seudónimo “Minino”.  Sí, Minino y lo escribo en mayúscula porque era el alias de su mejor amigo.

“Mi papá, mi papá ganó!” así gritaba mi madre mientras manejaba un medio día a comer el almuerzo (como acostumbrara) a la casa de mi abuelos en avenida 4ta. San Francisco.  Sí, habían dado el anuncio en una emisora y el “Miró” en la sección de cuentos era de Pantaleón Henríquez Bernal.  El autodidacta, periodista, activista político, relacionista público y el que más me gusta: mi abuelito.

Cuando mi madre llegó a la casa de ellos corría como una loca y le dijo: “Papá, ganaste el Miró!”, me lo imagino sentado en la cabecera de la mesa hecha de roble que tenían en el comedor.  Él dijo: “Sí, ya me llamaron” y vuelvo a recordar aquella voz grave que imponía respeto.

Así fue y aquella noche de 1986 estábamos con él en el Museo del Hombre Panameño en la Avenida 5 de Mayo recibiendo el premio literario más importante de Panamá en la sección de cuentos a sus 71 años.  Años después volvió a presentarse delante de otro público a leer su último cuento “El Grillo de Brian”, inspirado en una travesura de uno de mis primos.  Yo estuve allí nuevamente.   Anoche no fue diferente, 31 años después de haber recibido su premio, hace historia otra vez. Deja su huella en la antología de ganadores durante los 75 años de vigencia del Concurso Literario Ricardo Miró con su cuento “La Sesión”.

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“Somos lo que nos propongamos ser” y esa fue la lección que me dejó mi abuelito.  La que ha estado allí latiendo dentro de mi y saliendo por mis dedos que a veces garabatean palabras en cualquier cuadernillo que tenga a mano o teclean cual posesa a altas horas de la noche.  Hoy digo, No soy escritora!  Pero con mucha esperanza de algun día estar un poquito más cerca de él y su estrella y poder al menos aspirar a un Miró.

A veces necesitamos un impulso, no importa de donde venga. De situaciones difíciles, de los amigos, de la familia, de los enemigos o de nosotros mismos.

Octubre, ha sido sin duda alguna un mes de impulsos.

Hay que creer en uno mismo!

Besos,

 

Yanina M. Maffla Henríquez

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